Stories

La víctima traspasada
microcuento

Ella, esperó. Poco pudo hacer para evitarlo. Los presentes, callaron. Él, se decidió en su momento a traspasarla desde adentro. No tuvo piedad. Fue valiente y comprimió su cabeza. Las piernas de la víctima se ensangrentaron temblando por el dolor de sentirse ocupada. Hasta que él decidió nacer.


Morbo presente

microcuento

Marta no sonríe como antes. Aquella sonrisa continua ahora permanece estática. Quienes las ven, llegan a sentir temor. Los vecinos acusan a su esposo de morboso por permitirle sonreír en quietud. Marta, no es de carne, se convirtió en un retrato sonriente que cuelga de la puerta principal en la casa del viudo.

Auto-suficiente

Su noche le fue haciendo notar toda la piel ceñida por la camisa deportiva achinadita por el frío febrero. Por reacción innata se tocaba los pechos en espirales hasta hallar el centro de su laberinto en lo alto de sus tetillas. Como en la sabana, las yervas de sus vellos iban cediendo al soplo impío del viento. El dolor de su espalda cortada por los ejercicios le hacían formar una v con sus codos para alargar el brazo hasta la acumulación de sangre en la arteria de su pene. Indice y corazón estimulaban el glande cideral y anular y meñique con aprobación del pulgar buscaban guarida en los pliegues internos de su ano. Espasmódica sacudida fue la apertura de la cascada blanca y aceitosa que le calentó las piernas y lo llevó al nuevo sueño.

Rom-a

Dos sobre uno fueron los niños amamantados por una loba desde el vientre chorreando del Tiber. Magia, hechizería y pragmatismo bordearon el nacimiento de dos criaturas destinadas a la fiereza. Los etruscos imaginaron que el llanto bisono y exacto anunciaba el principio del temible imperio. Los latinos ocupados en sus faenas caso omiso hicieron a la primera alerta. Se dice que crecieron en igual proporción de piel a huesos. Pero Rómulo, visionario de un vasto imperio era entorpecido en discusiones bélicas por su Remo. Típico mestizo fue trazando en su practicidad supersticiosa los límites geométricos de la naciente ciudad. Remo interpuso premoniciones épicas mientras Rómulo manifestaba primerizas señalas de emperador. La exactitud en fuerza y belleza condenaba a los hermanos a destruir la balanza. Ejercito de uno contra uno Rómulo trazaba los límites con fuertes conjuros bajo las nuevas piedras mientras Remo las destruía en oposición. Fue entonces cuando desapareciendo su reflejo Rómulo decapitó de un solo golpe a su Remo cellando para largos siglos el nacimiento de la ciudad de Roma anunciada por pájaros de vuelo alto, piedras calientes y sangre con gritos de patria vomitada.

Fran-camente

No fue mito más si verdad que te amé mucho después de haberte visto. Parecías tan conquistador con tu apellido y acento español. El regocijo cimarrón del que se revela siglo después pugnaba dentro de mi para enseñarme a desvelarme por un hombre. Tarde rutinaria me empujó a bañarme en el baño público de la Residencia. Agarré tanguita pensando en apretar muy bien las pelotas a mi pelvis, champú y jabón para acariciarme bajo el chorrazo caliente de un piso 3, típico espacio para cantar baladas mientras de fondo un deportista entona suciedades. Al cruzar animado el pasillo y el baño, se me ocurre alimentar el zafacón con la basura diaria, la combinación abrió el candado de la impresión.Seguramente andabas ligando mis reacciones al saberte ignorado españolito. Sin grasa me fuí por ella y la salvé de la coqueta en madera comprimida pegada con capas de pinturas y aceite de maiz a la pared que se achica. Algo se me adelantó. El grifo de la ducha contigua, se abrió solo. Eso parecía ser, pues la cortina andaba desplegada. Y del agua, serpentió el sireno con vellos desde el cuello hasta su pubis. Muy acuático el cabrón apuntó a mi pedazo de carne isleño que se alzó en batalla a su encuentro. Hecho erógeno de la frente al cóxis, poco pude resistir la jodida cortina abierta, invitando a lo que fuera, palabras recordatorias para que se cerraran u otras más primitivas e insinuosas. Le caí: “Quieres compañía”, “Por qué no?” La pinga subió un centímetro más. Allí se trabaron los gallos en chupeteos, lenguazos, jadeos casi silentes fisgoneados por el chorro que disfrazaba la violencia de dos hombres que se tienen ganas malditas. Ese beso imperialista, me hizo negro violado, taíno enfermizo, criollo confuso y la sangre toda reunida en nuestro sur, emigró a nuestros labios. Fue así como aprendí a amarte Fran camente.

Habichuelas germinadas

Niñez corta agarraba el sueño de amar a Victor en primer grado. Con cuatro años conocí en su altura como los ojos estando en dos pares provocan alivio al deseo primeriso de ser cargado en brazos. Y ya tu Ignacio con mis diez años, estimulabas mis tartamudancias. De temblores, ni se diga, poco pude hablarte de frente, pues sacudido mi cuerpo nene, pensaba en lo extraño y en taquicar-días. Calendarios más se fueron a la basura y un día el Sol brilló en doble tono, asomando desde el salón religioso y contiguo, a un Plablo rubio de todo. Nunca más miré al Sol. Aquellos destellos animistas confinaban mi presencia al salón en horas de recreo para verte desde lejos reír tu belleza e iluminarme sonrisas esperanzadoras. Nubes de vientos en la siempre tropical Isla, me enfriaron todo. Ya asexuado el cuerpo afeminado, amo revistas Cosmopolitan, y así en el baño. Calendarios más calleron en la basura. Allá fueron a vivir uniformes. Hasta que un día 32 de agosto, nuevo en ese único mes, amé a muchos creyendo conocer el amor. El cuerpo nene, afeminado, se hizo tan adulto, como la soledad en donde escribo.

Las puertas malditas de Irene

Fue la noche de Irene, hija del eterno Noto, viento poderoso del sur. Supo hacerse sentir al arropar en su totalidad a la pequeña isla caribeña. Y durante las horas en las que ejerció su poderío, trajo consigo vientos, lluvias, temblores no registrados y maldijo con su paso a las puertas de San Juan. Poco a poco, sigilosamente, fue atravesando de lado a lado a la colonia. Se mostró reina al arrancar la vegetación, musa al cantar su zumbido que se hacía eco al impactar los edificio centenarios. También se mostró rey al llevarse la luz y el agua, dejando desprovistos a los usuarios de cable tv. La radio era el único medio de comunicación vigente. Llamaban desde diferentes aposentos de la Isla para reportar los estragos de Irene. Ancianos solitarios con radios de batería, mujeres con hijos discapacitados, hombres con problemas mentales, Juanes culpando a los alcades por no ayudarlos en medio de aquel caos. Todos se identificaban con la misma desgracia: No tenemos luz ni agua. Tampoco cable tv ni facebook. Pero algo aún más terrible ocurría en medio de aquel desorden. Las puertas, si las puertas… Estás leyendo bien. Las puertas de San Juan habían sido maldecidas. Un habitante indefenso, al cual llamaremos: El Encerrado, desprovisto de beca pell y sin riquezas, se había refugiado en su pequeño estudio en espera de la luz. Su puerta comenzó a chorrear agua. El viento la estremecía como queriendo decir: Abreme que quiero comer de la pasta que se te caerá pronto al piso. Su corazón latió aún más rápido. De pronto, un ruido poco usual hizo temblar el suelo de la cocina. Un brillo iluminó su ventana. Eran los relámpagos. La energía eléctrica parpadiaba como si fuese una noche de CRASH. El Encerrado quizo abrirse. Trato de abrir su puerta sin conseguirlo. Jugó al fútbol con ella. Empujo con tanta fuerza hasta lograr destrabarla junto con la pintura que la bordeaba. Al asomarse, vió cara a viento como Irene disfrutaba arrasando con toda la basura de los vecinos. La puerta centenaria… Sí, la puerta de 12 pies que siempre quizo caerse, estaba en el suelo, inmóvil apenas reconocible. Otra puerta maldita aparecida. Intentó correr, pero el agua desparramada por el suelo, como charcos de sangre, sofocaba su progreso. El Encerrado, tomó una vela encendida e intentó encontrar a algún sobreviente. Frente a él, se divisaba el portón del primer piso. Contempló las escaleras y la presencia imponente del portón. Dió 25 pasos exactos en aquella oscuridad irenisiaca. Al girar su cabeza a la derecha, se llevó una sorpresa: dos inquilinas en hot pants texteaban por celular con una linterna en cada mano. Quedó paralizado, estupefacto. ¡Cuanta carne expuesta! Las condujo hasta la escena del crimen. Allí, una de ellas, movió a la víctima de madera alterando toda prueba. El Encerrado dudó de ellas. Se despidió regresando a su estudio. Allí permaneció a oscuras. Y cuando al fin pudo conciliar el sueño, la luz llegó y lo despertó para anunciarle: tendrás acidés estomacal durante los próximos minutos. Quizó escapar por su puerta, pero maldita como la otra, volvió a encerrarlo. Esperó y esperó hasta que auxiliado por un palito, la reabrió. Fin

Eñemao con un coffee en la mano

Hay quienes los etiquetan como los habitantes de la colonia más antigua del Mundo. En su país, se grita democracia, se siente dictadura solapada, y según un papel, viven en un estado libre asociado. Uno de ellos se llama Karin y, hoy, se ha topado con su realidad. La escasa y colorida ropa que viste, delata su origen. El color de su piel responde al sol constante que le mira. Habla un español enriquecido por los indigenismos, africanismos, españolismos y morismos. Salió como de costumbre a tomar un café en la tienda de nombre americano. Se siente contaminado por el inglés. Poco antes de acercarse a la tienda, escucha a un consumidor que sale de ella: – Bendito sean los americanos y su coffee.
Acaba de entrar al lugar. Pide un expresso sin pensarlo mucho. Lo paga con dólares. Se sienta en la silla que está en la esquina. En su solitud cavila.
– Café estadounidense. Si ellos son americanos, ¿Qué somos nosotros?
Karin se sintió diferente, no solo por el recuerdo, sino también por la consciencia. La palabra americano daba vueltas en su cabeza, como queriendo recorrerle la lengua y el cuerpo.
– Visto de tienda americana y consumo en tienda americana. ¿Callar o hablar?, he ahí mi dilema.
Mantuvo su atención en la pregunta. Todo eñemao se hallaba ese individuo. Permaneció cinco horas en letargo hasta que otro ser humano de piel blanca le hizo pararse de la silla. Espontáneamente, Karin le respondió: Good Night!
Minutos después, degustaba su café fuera de allí.

Un San Valentín sin amor

Al pobre San Valentín lo tienen atrapado en Italia.  El desgraciado no disfutó plenamente del amor y anualmente cientos de personas se lo vienen a recordar descaradamente frente a sus restos. Pareciese una maldición de amor. Año tras año es reafirmada. Y es que lo más probable  San Valentín se estará preguntado,- ¿éstas personas sabrán que un día como hoy me ejecutaron?, Yo que di tanto amor y me quedé jamón, que jamón si no soy más que huesos. No culpo a los comerciantes que le crean necesidades a la gente. Pero por Dios, si al menos se acordaran de mi. Siempre que fabrican postales, decoraciones, arreglos florales o lo que fuesen a vender para celebrar mi día, que ahora lo llaman el Dia del Amor y la Amistad, siempre colocan al patético de Cúpido con su arco y flecha, y casi desnudo. Habrá alguien allá fuera que me pueda mostrar al menos un detalle en este día que me contenga a mi y no a mi nombre o al exhibicionista ese. Sí, ese Cupido solo seduce a todos. Pero para que sea menos evidente te lo representan, en ocasiones, como a un angelical niño. Bastante grandesito que era. Y perdóname Dios, pero estoy cansado de tener que ser bueno. Y esa Iglesia Católica que debe rendirte respeto, ha sido falsa y corrupta durante siglos. Soy santo solo de nombre, de nada más. Porque bastante que disfrute pecar. Sí, no te espantes Diosito. Tanto guárdarme casto, y para evitar que otros lo siguiesen siendo, esa falsa Iglesia me hizo santo.  Pero se acabó. Hoy saldré de aquí y buscaré el amor. Creo que todavía me conservo atractivo.

De esta forma di inicio las aventuras de San Valentín. Con mucho esfuerzo logró salir de su Basílica. Claro le tomó horas mover la tapa, pero lo logró. Afortunamente el portón de la Basílica se encuentra abierto. Para suerte de San Valentín hoy pretendían exumar sus restos. Una compañia de perfumes asegura conocer el secreto del verdadero amor. Creen que con extraer un poco de los restos de Cúpido, digo de Valentín podrán confeccionar un elixir, el perfume del amor. Desde luego, es simple publicidad, y si Valen†in se entera no regreserá a su tumba.

Cualquier lector aficionado se estaría preguntando, ¿cómo es posible que un cuerpo de casi 1800 años aproximados puede cobrar vida y salir de su tumba tán felizmente como nuestro rebelde Valentín?  Pues, se le ha concedido dos días de vida.  Pero todo don tiene una condición. Si Valentín se queda sin energias volverá a morirse hasta tanto las recupere. Ya le ha sucedido, pero no se percató de ello.

Día 1

Valentín es resguardado por una anciana

Valen†in no podia salir de su asombro. Todo era tan diferente. La gente no andaba a caballos. Habían mujeres con escasa ropa. Hecho que lo soprendió y dejó sin energias. Al despertar se encontró dentro de la casa de una tierna anciana. Esta no paraba de llamarle, mi Don Quijote.

Anciana: ¿ desea algo de comer? Aparenta llevar mucho tiempo sin comer. Si no es porque lo veo de pie, juraría que es un muerto. Le puedo ofrecer una tazita con chocolate.

Valentín: Desde luego. No, no (el chocolate, me recuerdo al idiota de Cúpido) lo que sea menos chocolate.

Anciana: Bueno, le traeré un corazoncito de pan italiano.

Al terminar de comer decidió abandonar aquel hogar y reanudar su búsqueda. No sin antes morirse de nuevo, pues le tomó mucho tiempo triturar el pan. Encontraba que la tierna ancianita tenía otras intenciones consigo, pues al despertar de su tercera muerte se la encontró con menos ropa, en la misma cama y riendo.

Día 2

De esqueleto en una Universidad

Luego de caminar por largas horas, Valentín quedo exhausto y sin percaterse nuevamente sufrió su cuarta muerte.  Esta vez despertó por el escándalo que llegaba a sus oídos o al menos a lo que quedaban de ellos. Se encontraba en un salón de clases.

Profesora de Historia y Anatomía: Como ven el radio y el cúbito se desprenden del húmero. Durante la Edad Media un arquero debía controlar muy bien el movimiento de su brazo.

Valentín: ¿arquero?, ¡otra vez Cúpido!

Aquellas palabras volvieron a enfurez a Valentín, pero al volvertearse e identificar su origen quedó asombrado con lo que sus ojos vieron. Era la mujer más hermosa en siglos. La profesora debía tener unos cincuenta años, pero su aspecto mortuorio, su caja de dientes y su esquelético cuerpo terminaron por convercer a Valentin que aun estaba a tiempo para volver a sentir el amor. Quizo besarla, pero de la emoción volvió a morirse, no sin antes ocasinar un ataque de histeria colectiva en aquella universidad.

Esa tarde tardó en despertar.  Ya cuando lo hizo se encontró de vuelta en su tumba. El caso fue investigado por la policia llegándose a la conclusión que no había sido otra cosa que una pesada broma. Valentín despertó e intentó terminar aquel beso, topándose de frente con la tapa de su tumba. Estaba realmente molesto. Pero Dios se le apereció y le dijo: – Valentín no te preocupes ahora serás realmente un santo. Por mucho tiempo haz visto todas las cosas negativas que en el Mundo se han hecho tras tu muerte. Pero quiero que veas también lo bueno. Y Dios le mostró que a pesar de todo seguía vivo el amor, y los valores que por medio de su hijo difundió al Mundo. Valentín ganó sus alas, un arco y una flecha y se dedicó a trabajar felizmente como arquero de esperanza en el Paraíso. Así cada vez que un angel perdiese la fe, el le infundiría esperanza con sus flechas. A cambio tuvo el privilegio de ser entrenado por el espíritu de Juana de Arco.

Avenida Universidad, plagada siempre de dualidad

Por: Johan Figueroa González

Curso: Técnicas Gráficas Periodísticas

Prof. José A. Pelaes

Hay quienes ven las cosas por el agujero que más les conviene. A veces este se convierte en una ventana privilegiada de la realidad. Hoy escogí el agujero más alto y ubicado en un lugar céntrico. Con el tengo una vista panorámica. Damas y caballeros, bienvenidos a mi comunidad. Le llaman Avenida Universidad. Aquí nunca se duerme. Puedo asomarme día, tarde y noche; y algo nuevo siempre encuentro. Los días suelen estar acompañados de todo tipo de seres humanos.  Algunos hacen un alto a sus faenas, por un tiempo, y se dirigen a desayunar. Y la palabra desayuno tiene un sinónimo, Cabrera.  En este negocio convergen humanos de distintas estratas sociales. Algunos profesores, estudiantes, empleados no docentes, familias, deambulantes, borrachos… Todos unidos con un mismo objetivo, comer o “monchear”. Esta palabra la aprendí de los jóvenes. Yo soy de los que disfruta recoger los residuos que caen al piso. Me acerco sigilosamente. Pocas veces me notan, pero en ocasiones he sido pillado infraganti. No robo, simplemente mantengo el equilibrio mundial.  Le hago un bien a la sociedad, bueno le hacemos porque somos cientos.

Vivo en el sótano del hospedaje, Torre del Norte. Se ubica en uno de los extremos de la Avenida. Quienes deseen pueden considerarme todo un universitario. En las mañanas aprovecho los rayos de la alborada para encontrar mi camino. El pavimento siempre es traicionero. Este está acompañado de variadas fragancias. Cuando inicia el día huele a orina, a detergentes, a frituras, a cervezas, pero si me levanto en dos patas o me subo a un árbol, puedo absorber la brisa de la mañana. Las mañanas son siempre frías. Por suerte tengo un abrigo natural que me permite mantener una temperatura agradable. El problema es cuando llueve de repente y no encuentro donde resguardarme. Como de todo, no sólo lo que los hombres y mujeres consumen, sino que he tenido que alimentarme de papel e inclusive hasta de cartón. Hay dos librerías que me lo proveen. Una de ellas es la Librería Borikén. Esta lleva un  tiempo liquidando su inventario. Así que me resulta muy fácil arrancar trocitos de papel de algún libro viejo y rezagado que encuentro en su entrada. La otra me ofrece papeles de la más exquisita calidad. Se llama, University Books. No lleva mucho tiempo en este lugar, pero casi todo lo que vende es nuevo. Son papeles que huelen distinto y saben distinto, un manjar para mi. Cada vez que como papel escrito, pienso en que me estoy adquiriendo conocimiento. Claro, siempre leo lo que como. Me da mucha vergüenza admitirlo, pero hay que sobrevivir a cualquier precio. No siempre tengo la suerte de encontrar lo que tanto disfruto, un trozo de queso y migajas de pan. Tengo un paladar exigente, pero moldeable. Conozco todo lo que ofrecen los comerciantes. Por ejemplo, Taquería Azteca, suele tirar, al bote de la basura,  plantillas de harina, otras de maíz.  Allí encuentro una variedad grandísima de quesos, queso mozarella, queso de papa, queso suizo. Más adelante está un negocio llamado,  El Vydis’s. Ellos son un poco tacaños, sobre todo el del Ocho de Blanco, pero de ellos puedo recoger arroz, habichuelas, pollo, chuletas y residuos de cerveza. Cuando me mojo, reúno puñados de cabello que encuentro en los diferentes zafacones de la zona, algunos lacios, otros rizos. Y me los llevo de regreso a la residencia.  Los tengo de todos los colores, hasta falsos. Hace dos tardes escuché a una de las dueñas comentar que habían desechado una pelucas. No ha sido fácil entender su lenguaje, pero con mucho esfuerzo pude aprenderlo.

Hay veces que me doy el lujo de comer saludable y un poco más Light. Hay un negocio que no saben cuanto daría porque estuviese bajo la tierra, pero no lo está. Tiene por nombre, Subway. Lo que más disfruto de ellos son su panes. Los tienen integrales, italianos con hierbas, con orégano y especias. Allí entran jóvenes, regularmente con unos aparatos extraños en sus manos que colocan en las mesas. Para mi son todo un misterio. Solo se que pasan muchas horas mirándolos y tocándolos. Creo que son otra fuente de alimento.

Tengo un primo llamado, Esteban. El vive en la calle paralela a la mía. Me cuenta que allá hay zafacones con otra variedad de comidas. No me consta, porque no salgo mucho de aquí. Resulta que los ratones somos un poco territoriales y si abandono mi espacio, otro podría tomarlo.  Hay algo que aún no les he dicho. Aprendí español con un amigo humano. Es uno de los muchos ratones grandes que también buscan en la basura.  Se llama Wilfredo. El sí estudió en la universidad. Tiene dos hijas . Es un abogado, pero tras la muerte de su esposa comenzó a beber, pero no residuos de cerveza, sino vasos completos. Ahora se conforma con los residuos. Perdió todo lo que tenía. Aunque ahora me  tiene a mi. Me hablaba tanto de lo mucho que deseaba ver a sus hijas y recuperar su vida. Que observando día tras día como articulaba su boca, le fui encontrando un sentido a las palabras. Pienso que soy de los pocos ratones que habla como los humanos. Con Wilfredo también aprendí a leer y escribir.

Las noches me dan tristeza, porque cientos de jóvenes y adultos se reúnen y toman alcohol y comen. Creo que podrían encontrar otro de tipo actividades mucho más productivas.  Unos se reúnen en Café 103. Y desde ese rincón se recrean con música, presentaciones de libro y leen poesías. Otros van a Nuestro Son, arriba de Subway. Me da mucho trabajo subir las escaleras, pero allí conocí un mundo distinto al mío. Allí bailan, hacen teatro, cantan al tiempo que beben y comen. Pero no soy feliz del todo, porque mi amigo Wilfredo sigue sumido en su pena, recogiendo de los zafacones y muchas personas no hacen nada por ellos. Avenida Universidad es un sitio claro y obscuro. Con dos nombres, uno lleno de aprendizaje y recreación y el otro plagado de vicios y problemas sociales.

El blup, blup

Cierra los ojos y escúchala. La encontramos en ríos y a diario la tocamos al beberla y asearnos. No huele, pues es tan perfecta que no necesita aromas. Si sabes que es, aún no lo digas, porque es muy importante en nuestra historia.
Existía un pueblo, allá, en el Polo Norte desértico, en donde vivían seres humanos con ojos violetas, cabellos largos y rojizos, brazos cortos, midiendo 20 pies de altura. Poseían alas de plumaje blanco como los cisnes. De compararlos con nosotros, serían cuatro veces más altos. Los arqueólogos de nuestro tiempo, les han nombrado: Homo Cutis Crystallum, es decir, el hombre de piel cristalina. Se han hallado restos de ellos, intactos, con piel transparente como el cristal. Vivieron durante miles de años. Unos morían y otros nacían. ¿Cómo sobrevivieron por tanto tiempo? ¿Será cierto que aún viven? Les contaré. En la era del Homo Ferox, especie feroz y violenta, aún no registrada por nosotros, cuando la Tierra aún se preservaba virgen, cuasi intacta, los Homo Cutis Crystallum emigraron desde la Patagonia en Sur América, hasta el helado y frío Ártico del Norte del Mundo. Llevaban provisiones y algo de comida. Eran diestros en la caza, protegían a sus familias del hambre, de la sed y poseían una inteligencia superior a la nuestra. Tuvieron que enfrentarse al calor y al frío. Para protegerse del extremo frío usaban la piel de los vulentos que cazaban, los cuales luego comían. Los vulentos eran osos del tamaño de las ballenas. Solo los cazaban cuando tenían hambre. De esta manera, se lograba un balance entre la naturaleza y los hombres de piel cristalina. Cada día, repartían un valioso líquido formado por la unión de los elementos hidrógeno y oxígeno. Le llamaban a ese líquido: blup, blup. El blup, blup les permitía obtener energía e hidratarse. Les tomó años llegar hasta el Ártico. Cuando llegaron se dijeron en su lengua:
-Dejaremos de caminar y caminar. De ahora en adelante, nos asentaremos en este lugar.
Allí vivían también los Homo Ferox u hombres feroces. Sus ojos eran azul verdoso. Sus brazos largos y velludos. Podían brincar 10 pies con facilidad. Esto les daba una gran ventaja a pesar de no poder volar como los hombres de piel cristalina. Tenían un temperamento feroz, el cual no lograban controlar. Se dice que medían 30 pies de altura. Eran los hombres y mujeres más altos y nunca antes vistos en el Planeta. Hasta ahora, los exploradores y arqueólogos, no han encontrado un solo fósil que pruebe su existencia.
Ambas comunidades, construyeron casas y muebles de hielo. La vida en el Ártico parecía ser ideal. Solo que tuvieron un gran problema. El blup, blup puro escaseaba. El que abundaba estaba lleno de sal. Así que no podían consumirlo. Dependían de pequeños lagos que con frecuencia se secaban. Lo que no sabían los miembros de la comunidad de piel cristalina y la comunidad feroz es que con el tiempo encontrarían un lugar maravilloso lleno de blup, blup.
La comunidad de piel cristalina estaba constituída en jerarquía. De esta manera se organizaban. Ninguno tenía más poder que otro. Simplemente usaban su rango para realizar una tareas específicas. En la parte más baja se encontraban los Mirentis. A esta categoría pertenecían la niñez, los enfermos, heridos e indispuestos para trabajar. Era la población más protegida. Los Mirentis conocía muchas lenguas. Así que podían comunicarse con los Homo Ferox. Luego le seguían los Presergen. Los Presergen confeccionaban las herramientas para la caza, para uso doméstico y construían las viviendas. Arriba de los Presergen se ubicaban los Defetula. Los Defetula se dedicaban a sobrevolar el Ártico en busca de vulentos y hombres feroces. Eran los más entrenados en la caza y su cuerpo era más corpulento. No había distinción entre las hembras y los machos. Ambos se encontraban en todas las categorías jerárquicas.
La convivencia entre los hombres feroces y los hombre de piel cristalina parecía imposible. Ambas especies se habían seguido el rastro por toda América. Cada encuentro desembocaba en peleas incontrolables que acarreaban la pérdida de algunos de los miembros de la comunidad de hombre feroces o de la comunidad de piel cristalina. Por esa razón, preferían mantenerse alejada la una de la otra.
Bajo el espesor del hielo y la nieve del Ártico, se encuentran las montañas subglaciales. Hoy día, son las últimas montañas inexploradas del Mundo. Los científicos de nuestro tiempo, le han llamado: las montañas subglaciales Gamburtsev. Se afirma que son más grandes que los Alpes Europeos. En ellas, se esconden cumbres rocosas, ríos y lagos con blup, blup puro y sin congelar. Estas montañas subglaciales, es decir ocultas bajo los glaciales, fueron el oasis de los Homo Ferox y de los Homo Cutis Crystallum. De allí, obtuvieron el preciado blup, blup.
Un día, parecido a cualquier otro, un miembro de la comunidad piel cristalina calló por un hueco que se abrió bajo el hielo. Gritó pidiendo ayuda. A su llamado, respondieron los Presergen, quienes utilizaron herramientas sofisticadas para bajar hasta lo profundo del hueco y así poder rescatar a su compañero atrapado. Al bajar, descubrieron las montañas subglaciales. Su compañero, quien pertenecía a la jerarquía Mirentis, se encontraba en perfectas condiciones. Frente a ellos, se mostraba un mundo maravilloso, tan azul como el cielo, lleno de diamantes y lagos. Tomaron de aquel líquido y descubrieron que no era salado, sino puro y dulce como su blup, blup. Es decir, podían tomarlo. Llamaron a aquel lugar: el oasis Rhecheti.
No tardó mucho tiempo hasta que la comunidad de hombres feroces dio con la localización del oasis Rhecheti. Deseaban tomar del blup, blup, pero en lugar de negociar con los hombres de piel cristalina optaron por atacar e invadir aquel lugar misterioso. La comunidad de piel cristalina no se hizo intimidar desatándose una guerra por el blup, blup. La comunidad de los hombres feroces no estaba muy organizada. Solo contaban con dos estructuras jerárquicas, los Jeimolan, guerreros poderosos y los Ganzunna, el pueblo, constituido por los miembros más débiles, las crías, los mayores y las hembras. A diferencia de los hombres de piel cristalina, sus hembras no podían pelear. Y esto era su mayor debilidad. Descartaban el ingenio y la aportación de sus hembras.
Los Jeimolan, lanzaron catapultas con rocas hacia la aldea de la comunidad de piel cristalina. Al acercarse a la comunidad, quedaron atrapados en las redes de los Defetula. Por el aire, los Presergen volaron a todo prisa. Buscaban a los Ganzunna. Pensaron que lo más prudente sería capturarlos. Como eran los miembros pasivos de la comunidad de los hombres feroces, servirían para acabar con la guerra. Los Jeimolan se percataron de la presencia de los Defetula. Intentaron evitar la captura, pero ya era demasiado tarde. Los Defetula habían atrapado a los Ganzunna y volaron con ellos hasta su comunidad. Los Mirentis sirvieron de intermediarios. Como conocía la lengua de Homo Ferox pudieron comunicarles que no le harían daño. Les dieron de comer y los Ganzunna bajaron la guardia. Se sintieron cómodos y por primera vez en mucho tiempo, ambas culturas se trataron con respeto; y hubo armonía. Los Defetula no querían la paz, deseaban el blup, blup del oasis Rhecheti. Así que atacaron con armas punzantes a la comunidad de los hombres de piel cristalina, aún sabiendo que allí se encontraban los Ganzunna, miembros de su propia comunidad. Los integrantes más sabios, es decir los ancianos que tenía mayor conocimiento y experiencia, tanto de la comunidad de hombres feroces como también de los hombres de piel cristalina decidieron que lo más prudente sería cerrar la entrada al oasis Rhecheti. Juntos provocaron una avalancha que sepultó la entrada. De esta manera, los Defetula no encontrarían la puerta al oasis Rhecheti. Ambas comunidades acordaron guardar el secreto de la ubicación del oasis. Para poder obtener el blup, blup usarían un sistema de filtración compuesto de piedras que separaba la sal del líquido. Para evitar nuevas guerras, los hombres de piel cristalina liberaron a los Ganzunna y crearon un pacto entre ambas comunidades. Unos vivirían en el lado este del Ártico y los otros en el oeste. Pasaron los años y ambas comunidades se desarrollaron. Compartieron el conocimiento. Crearon ciudades y se mezclaron entre ellos. Las hembras de la comunidad de hombres feroces tuvieron poder y gracias a su conocimiento, terminó la enemistad entre ambas comunidades. Abrieron la puerta al oasis Rhecheti y de allí obtuvieron el blup, blup puro. Sabiendo de la existencia de otros comunidades en América, ambas culturas aprendieron a camuflajearse con la nieve y a mimetizarse con las piedras y árboles. Así pasarían desapercibas ante los ojos de otros invasores. Crearon paredes de hielo para ocultar sus ciudades. Y allí permanecen hasta nuestros días en armonía con su entorno, esperando que llegue el día en que sean descubiertos. Saben que existimos y no pudieron evitar que nuestros exploradores encontraran sus cementerios y el oasis Rhecheti. Temen que su Mundo desaparezca. Lo cierto es que el encuentro entre ellos, la comunidad de piel de cristal, la comunidad de hombres aún feroces y nosotros, está apunto de darse.

Lo Ela y el Costeño:

Marea contra tierra, nunca se vio en la playa del Escambrón un mar dando vida a la orilla. Algo de algas y basura humana se amontañaron periódicamente sobre la lisa arena blancuzca. Pero un día, el mar rebelde con la Tierra le parió una sirena. Ela, con dos sexos, poco sabía del respirar sin agua. Los ojos amembrados de la criatura marina lagrimeaban por el escozor. Exhausta por la dificultad de arrastrarse, lanzó un sonar ballenezco a la cercanía. Sus pechos cubiertos por agallas reflejan la luz cual tornasol. Desprendíanse de ellos, leche luminiscente. Sus manos, idénticas a las nuestras, podrían amasar el pan, o levantar las piedras. De cabello, verde celeste se extendían por aquella espalda masculina. A la cima de la cadera la piel impermeable de tonalidad azul, se escameaba cada vez más hasta terminar en cola de pez. Al quejido seguiase la respuesta esperada de un ser costeño. Tenía aquel la piel bronceada y grasosa producto de días sin tocar el agua; cabellos desordenados servían de ecosistema para liendres y piojos. Dientes amarillentos chasqueaban un troso de coco rallado con mayor rapidez a medida que lo Ela y el ser costeño cortaban la distancia entre si, la Ela fatigaba más y el costeño transpiraba por la emoción. Este tomó la piedra más cerca y contundente que pudo alcanzar y la lanzó con fiereza hacia lo Ela. El peñón vino a generar exhorbitante estamina en lo Ela, brincando de una sola vez hacia el quejido mar. Costeño, rasgó sus ojos para corrobar la existencia de la piedra, de lo Ela y su miseria.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s