Interés Humano

Una literata que alterna la escritura y el levantamiento de pesas

Por: Johan Figueroa González

Su cuarto huele a fragancia de manzanas, tiene imágenes de ángeles y de parejas expresando afecto y amor. No es una voz en el anonimato, ni escribe versos para ganar publicaciones. Es solo una mujer que lleva años creando una novela, que lee cuentos de Horacio Quiroga y levanta pesas. Tiene problemas como cualquier mujer de su edad y ríe y llora en su momento. Su nombre es Keyshla Marliz Méndez Rosario y a sus 19 años cursa su segundo año en la Facultad de Humanidades de la UPR de Río Piedras con una concentración en Estudios Hispánicos.

Sus experiencias la llevaron a crear una novela

Tuvo una niñez accidentada, en parte por la separación repentina de sus padres, quienes la tuvieron muy temprano en la vida, cuando aún eran adolescentes. Keyshla explica que creció en la cordillera de Ciales bajo las más estrictas disciplinas de antaño, desde arrodillarse sobre arroz,  golpeada con escobas, corrida por sus progenitores con zapato en mano, entre otros métodos llamados infalibles por algunas familias.

Pero los problemas a los que tuvo que enfrentarse motivaron la creación de su novela. “Estaba enfadada con una muchacha. Pensé en el daño que le podría hacer. Y así mismo recree una imagen, una escena y me dio ganas de escribir, la moldee hasta que de pronto me doy cuenta que había iniciado una novela.” confiesa con asombro.

Su pasión es la escritura y escribe donde mejor se siente, desde la comodidad de su cuarto, hasta en los salones de clase o fuera del gimnasio, mientras espera a que llegue su turno para practicar. Siempre aguardando a que le entre a su cuerpo la musa que la inspira siempre a escribir sus primeros versos del día o el comienzo de un cuento.

“Quiero hacer un poemario, es mi deseo”, afirma con alegría Keyshla. Por eso busca espacios que le provoquen armonía, como su cuarto. “A pesar de los problemas que tengo, me gusta sentirme alegre en el lugar en el que habito. Por eso ves velas y muchos colores. Me siento a gusto. Me da alegrías.”

Los símbolos que la representan

Las imágenes en sus paredes son bellas, representan amor, otras alguna época en particular o algún simbolismo, explica Méndez.

Sobre su apariencia externa, establece que se viste de acuerdo a como se sienta. “Me gusta enseñar el abdomen, ponerme pantalones cortos y medias largas. Todo depende de la ocasión, si el lugar varía, también la ropa.”

Hace un tiempo le hicieron un símbolo taíno que representa al coquí cerca de su abdomen. Es muy representativo de su vida. Le apodan India, porque parece una india Taína. Le gusta su apodo y todo aquello que se lo recuerde. Pero no solo disfruta de la lectura y la escritura, sino también del levantamiento de pesas.

Su roll de atleta

Para poder practicar el levantamientos de pesas con éxito, Keyshla sigue una dieta particular: “Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo”, comenta Keyshla. La cena se almacena y durante el sueño no quemas la cantidad necesaria de energía, por lo que amaneces cargada. Es por eso que es necesario cenar pocas porciones de alimento.

Keyshla intercala sus comidas con tres meriendas. No consume cereales, pan y bebe poca leche. El calcio lo obtiene por medio de pastillas. Además come avena, huevo, puré de manzana, yogurt entre otros postres que la ayudan a tener un mejor funcionamiento de su sistema digestivo.Por lo general, la jóvena se alimenta dos horas antes de la práctica con comida liviana para evitar que ésta la incomode durante los ejercicios.

Calienta algunos minutos previo a la práctica o al evento. El calentamiento consiste en algunas carreras en la pista del Complejo Deportivo de la Universidad y tras esto un levantamiento inicial de pesas para ir acostumbrando al cuerpo a la rutina diaria.

Bloqueos mentales: enemigos del ser humano

Una vez acondicionada, Keyshla se prepara para levantar el peso que le corresponde.  En ocasiones a tenido que enfrentarse a bloqueos mentales que le impiden realizar su cometido. “Hasta que no te los quitas, no vas a poder hacerlo”, afirma Méndez. Ella lo ha conseguido y cuando lo logró no pudo contener la emoción y comenzó a llorar “Wow!, pude”, expresa. El primer bloqueo que tuvo es frecuente entre los atletas principiantes en este tipo de deporte: el cambio físico.  Keyshla establece que entre los músculos que se modifican se encuentran: el trapecio, los músculos de los brazos, las caderas y glúteos. “Muchos músculos se endurecen, pero no desaparecen.” aclara, Méndez.

Pero para poder librarse de sus propias limitaciones  ha sido fundamental en ese proceso el apoyo de sus compañeros. “Compartimos las cosas, nos apoyamos mucho y nos aconsejamos también.” comenta.

Antes de culminar la entrevista Keyshla expresó su deseo de superar sus adversidades por medio de ayuda de consejeros y amigos. Su espíritu de perseverancia la mantiene a la vanguardia, esperando que llegue el día en que pueda terminar su libro y dar a conocer sus poemas.

Sueña como Luis

Por: Johan Figueroa González

“No hay más trabajo que el que pasa una persona con impedimentos, porque es doble. No importa que sea visual, a veces uno tiene alguna condición, estomacal. Alguna condición diabética. No hay más limitación que eso y me gustaría trasmitirles a los estudiantes de nuevo ingreso que si tienen sueños, los trabajen y se esfuercen por ellos, porque aquí nadie te va a regalar nada. Aquí todo es trabajo en conjunto, relacionarte con las personas que tienen el conocimiento para ayudarnos. De verdad, esta universidad es fuerte, pero de aquí van a salir hechos unos profesionales y mejores ciudadanos, mejores personas”
Luis Yabdiel Peres Dias

Con esta cita Luis Yabdiel Peres Dias, estudiante de trabajo social en la Facultad de ciencias sociales y estudiante orientador, nos hace pensar en que no hay limitación física que impida alcanzar nuestros sueños. A sus 20 años de edad y en su segundo año universitario. Ha sabido conocer muy bien lo que es el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia, la determinación, y el compromiso. Luis a diferencia de otros estudiantes padece de una condición de nacimiento, llamada retinitis pigmentosa, lo que le causa manchas en sus retinas frontales, evitando que pueda ver de frente, pero si por los laterales. No existe tratamiento alguno para esta condición. En el caso particular de Luis, este fue sometido a una cirugía cuando tenía 9 años, en la isla de Cuba, con la intención de detener el progreso de la condición y evitar que perdiera más visión, no para mejorarla. Actualmente aunque su visión es limitada, ella no ha sido un obstáculo para detener a Luis. Como un guerrero incansable ha enfrentado cada reto que la vida la a puesto en su camino. Durante el día, en los lugares más claro se puede manejar por si solo, pero cuando cae la noche se le dificulta un poco más la visión, por lo que utiliza un bastón como guía. Para estudiar usa un programa de computadoras que habla y le lee toda la información que la computadora recibe a través de un escáner.
Luis opta por crear estrategias que le faciliten su movilidad a través de la universidad, como por ejemplo: aprenderse los lugares por los que transita diariamente o con regularidad. Con relación a esto nos añade:
Nosotros las personas con impedimentos visuales, tenemos esa costumbre de aprendernos los lugares y ver dónde esta cada cosa ubicada para tener una mejor localización del lugar en que estamos”.

Si damos un giro a nuestro enfoque podemos darnos cuenta en que a parte de su condición visual, Luís lleva una vida completamente normal en comparación a la de cualquier estudiante universitario. Dentro de sus muchas facetas, Luis es estudiante orientador. A preguntas de Boletín, este explicó las razones por las cuales lo llevaron a considerar convertirse en estudiante orientador: “Yo pienso que fue una magnífica experiencia cuando tuve estudiante orientador en mi primer año. Se llama Diana Torres. De verdad fue una experiencia muy bonita, porque nuestro grupo hizo una amistad como hermanos. Nos llevamos súper bien. Habíamos par de muchachos que estábamos en la residencia. Hicimos más que una amistad. A mi me gustaría orientar de la misma manera que me orientaron a mi, de la misma manera en que me ayudaron a echar hacia delante. Me gustaría brindar ayuda, de verdad, y siempre tuve ese sueño de tener mi grupo y trabajar por ellos, de verlos triunfar y poder contar con que uno puso un granito de arena para su superación”.

Así es, Luis siente el compromiso de ayudar a los demás. Muestra de ellos es la manera en que lo demuestra. Una de las cosas que más disfruta es ayudar a otras personas con su mismo impedimento a utilizar el sistema braille, como un mecanismo para leer. El sistema braille trabaja con los relieves y toda una serie de signos numéricos, divisiones, y restas, todo tipo de cálculo y ejercicios, con solo 6 teclas, cambiando la forma de cada una de ellas, la cantidad de puntos y su localización, nos cuenta Luis. Además de esto Luis tiene otras dos pasiones que lo emocionan al momento de mencionarlas. La primera son los deportes. Como atleta en el recinto practica la lucha olímpica, lo que lo ha llevado a ser merecedor de una medalla en bronce hace un par de semanas. Considera que la lucha olímpica es disciplina. Para este tipo de deporte Luis dice que a una persona con impedimentos se le pide que se agarre, pero como en su caso el tiene un poco de vista, no necesita del acomodo razonable con el que cuentan otros jóvenes con condiciones parecidas. Así que Luis se defiende muy bien y utiliza las técnicas aprendidas para demostrar su excelencia en este deporte. Claro está reconociendo, nos añade, la gran ayuda que ha recibido de parte de sus maestros.

Por si fuera poco la otra pasión que llena a nuestro entrevistado, lo apasiona tanto, que hizo que en el momento de la entrevista se sonrojara. Me refiero al canto. A veces en sus tiempos libres se dedica a componer algunas canciones. En su año y medio en el recinto,
Luis ha podido balancear cada uno de sus compromisos,  por lo que al preguntarle por el proceso de adaptación al recinto, este afirma que los universitarios tenemos muchos roles, pero que a pesar de estos traen consigo obstáculos. “…hay que seguir adelante y coger un respiro y pensar que estoy aquí por un propósito por una meta, trabajar fuerte, y tratar de dejar una imagen positiva, una que sobresalga en cada cosa en la que uno se envuelva para que no solo hablen bien de uno, sino para que te recuerden como una persona responsable”.

Luis esta profundamente agradecido con el Programa de Estudiante Orientadores y por lo que ha obtenido del mismo. Cree que las experiencias y las amistades que ha hecho le han enriquecido. De tal manera que recomienda a los estudiantes de nuevo ingreso lo siguiente: El Programa es una creación fantástica y ustedes dense la oportunidad de ser orientadores, hablen del programa y no permitan que nunca se caiga.

Ya vimos que los sueños los cargamos siempre en nuestra bolsa de ilusiones, y los alimentamos cada ves que le recordamos que existen. Si permitimos que su existencia perdure, llegaremos a concretizarlos y transformarlos al igual que Luis, no en sueños, sino en realidades.

 

Johan Figueroa González

Redacción Periodística 1

Prof. Luis Torres Negrón

Las mañanas de Dominga

Levantarse a las tres de la mañana para llegar a tiempo al trabajo, no parece ser muy común en Puerto Rico. Pero para Dominga Crecencia Arias, éste es el precio que tiene que pagar para que sus verduras luzcan frescas y estén temprano a la venta. Ese tres es el mismo número que identifica un puesto de verduras. Como un actor que debe maquillarse para salir a una función. Es muy importante que todo esté en su sitio.

Con sólo cerrar los ojos es fácil darse cuenta que el día a comenzado. El olor es una orgía de fragancias naturales. Es muy probable que si deseas percibir un olor en particular, lo sientas. Allí están todos en equilibrio, mezclándose una y otra vez.

El bullicio en la Plaza del Mercado de Río Piedras anuncia un nuevo día, a pesar que la noche y el frío siguen vigentes. Bajo esas condiciones Dominga baja al sótano y por un tiempo, todos los días, invierte los roles de vendedor-comprador. Es un mundo paralelo. En el que la dinámica es distinta. Todo es más acelerado. Los camiones que van llegando, los que reciben y descargan a toda prisa, los vendedores impacientes por obtener sus herramientas de trabajo, y los compradores que prefieren ir directamente allá abajo. Allí Dominga se abastece de aquellos verduras o frutas perecederas que nutrirán su puesto. Hay prisa, porque el reloj avanza y la plaza ya ha abierto. Es riesgoso detenerse, porque esto puede significar menos clientes que llegarán a su puesto durante ese día. Día, que en este lugar comienza a la una de la mañana. Así que el caminar de Dominga es más rápido. Rodeándola está la competencia intentando llegar a tiempo. Son una comunidad así que no hay riñas, sino buenos deseos. Hay prisa, pero no los domina. Saldrá de allí esperanzada, como muchos otros, “que hoy se venda más que ayer”.

Como comerciante tiene una ventaja que la hace sentirse en familia, mientras comparte el espacio con muchos otros que hacen lo mismo que ella. Es dominicana y desde hace 13 años vive en la Isla. En su puesto, lleva sólo dos. Es alquilado y con $175 dólares lo reserva cada semana. Dinero que recibe el arrendatario principal, quien a su vez le paga al Municipio.

Si hay algo que conoce muy bien Dominga es el sentido de solidaridad y hermandad. En ocasiones es ayudada a preparar el negocio por su esposo, carnicero y de origen puertorriqueño. En otras los muchachos indigentes. Por poco dinero le ayudan a cargar las cosas hasta su puesto. Nada se pierde. Las verduras y frutas que se están pasando de maduras se guardan para las compañeras que tienen cafeterías, quienes las aprovechan y transforman en desayunos y almuerzos.

Su espacio lleva por nombre Guadalupe Cortés, el nombre de la dueña original. Quien no acostumbra  usarlo con frecuencia. Es importante al llegar al puesto que se liberen los candados de las dos rejas, luego colocar las extensiones de luces que cruzan de lado a lado el espacio. Junto a ellas se tienden sobre una hilera aquellos guineos más frescos, mientras el resto permanecen descolgados. De la nevera que tienen en el interior sacan el resto de las frutas que no pueden permanecer a temperatura ambiente durante el tiempo de cierre. Y a su lado se van destapando las cajas de cartón que contienen las verduras del día anterior que aún se encuentran frescas y que complementadas con las recién llegadas compondrán el rostro de su tienda.

Dominga tiene paciencia y con dedicación va atando en ramilletes el culantro y el cilantrillo con hilo de pastel. Poco a poco todo van ocupando su sitio de izquierda derecha, la yautía blanca, la yuca, el ñame, la yautía, el mamey, la malanga, la batata, el chayote, la lechoza, el quimbombó, las cebollas, el coco, los pimientos, el pepino, las chinas y las panas de pepitas que acompañadas de más verduras componen el inventario del día. Todo va creando un cuadro inanimado que da el aspecto de un bodegón en la pintura. Pero al observar con más detalles descubrimos que entre las verduras hay algo con vida. Para algunos son plaga, pero cumplen un propósito, se comen los residuos de comida. Dominga a hecho todo lo que está a su alcance para eliminarlas, pero según cuenta siguen llegando, en ocasiones a través de los vagones. Las cucarachas son inevitables en una ciudad que duerme poco como está y en la que los productos de más venta son comestibles.

Las conversaciones se ven interrumpidas constantemente por la intervención de un cliente.

–       “A cuanto está este pimiento”

–       “A 1.00 dólar”

Tan pronto se desocupa continuamos con la conversación. Me preguntó que estudiaba, en donde vivía, si tenía hermanos. Nuevamente se intercambiaron los roles, pero en esta ocasión los de periodista-entrevistado.

En la primera visita que le hice conocí a su falso esposo. Aquel hombre que la acompañaba se comportaba de forma extraña. Me insistía en que quería ser el quien contestase las preguntas. No de forma amenazante, sino pareciendo olvidar una y otra vez la respuesta que en aquel momento le daba. – Gracias por su interés en cooperar, pero me interesa conocer a su esposa. Su actitud me provocaba risas. Cuando le repetía la respuesta, él no hacia otra cosa más que disculparse y sentarse encima de dos cajones de jugos. No parecía estar muy coordinado, pero al intervenir Dominga, se me aclararon las dudas que aquel hombre me provocaba. “Lo que pasa es que está jendió”, decía ella. No me percate del olor a alcohol. Además el  no era su esposo, sino un conocido de toda la vida, quien viajó a Puerto Rico antes que ella.

Luego de está confusión continuamos platicando. Nuestra protagonista tiene tres hijos a los que visita dos veces al año viajando cada mayo y diciembre a Santo Domingo. No desea que viajen hacia acá, porque cree que allá están bien. Los ama con el amor intenso que puede salir de una madre. Tienen 14, 15 y 18. Un gran océano de distancia y muchas millas de por medio.  A pesar de ello, siempre les envía dinero. Ella nos cuenta que que parte de los productos que vende son de la Isla, pero muchos otros provienen de Costa Rica, Ecuador y Santo Domingo. ¿Cómo distingue su procedencia?, Pues, miro debajo de la verdura y le veo la etiqueta.  Es impresionante cuando pensamos por un instante la forma en la que nos asociamos y compartimos este mundo. La globalización llegó a está Plaza hace muchos años. Hay vendedores con productos de República Dominica, México, Honduras, Cuba y claro de Puerto Rico.

El día avanza y los clientes siguen llegando. Los sábados aumenta el flujo de gente. Conciente de eso, Dominga cambia la oferta. Y en este día a parte de pagar la renta, compra otras verduras como el brócoli. Dice que se tiende a poner amarillo a los tres días, por eso es que no lo compra siempre. Por su negocio se pasean todo tipo de personas. Mientras atiende a una mujer mayor, los estudiantes que acaban de salir de la escuela no se cohíben y hacen bromas entre ellos, aprovechando su tiempo libre.

Poco a poco nuevamente todo va haciéndose más lento como al comienzo, las personas comienzan a irse, los olores son casi imperceptibles y algunos negocios ya han cerrado. Dominga hace lo propio y guarda las frutas frescas en su nevera,  va descolgando los guineos verdes y colocando las demás verduras en sus respectivas cajas de cartón. Ya a terminado está jornada. Lo último que se escucha es el sonido de los candados cuando cierran. Y cansada, pero satisfecha Dominga se regresa a casa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s