Poetry in prose

La Confederación de las Américas

Se dice, en realidad se sueña, con los ojos abiertos, que existe en la distopía latinoamericana un delirio velado por la muerte. Se vislumbrará desde los arrabales construídos con cartón, zinc, tierra y madera, desde las ciudades de concreto, desde los apartamentos y casas privilegiadas, que habrá una América consolidada; una América sin distinciones mayores hermanada por la Confederación de la Américas. Tendrán una sola moneda: el castellano; y una sola bandera: verde, por sus bosques, marrón por su tierra y con la imagen trazada desde las fronteras mexicanas, centro y sur América, incluyendo, sin empequeñecerlas más, a las islas que la bordean. No habrá hambre, pues siempre habrá un pedazo de tierra de la que brotará papa, plátanos, yuca, arroz, ají, habichuelas, café y mango. Tampoco sed, porque sus ríos y lagos serán limpiados por cualquier país vecino que responderá al llamado de la contaminación hermana. Las plagas serán cosa del pasado, al igual que el analfabetismo.
Es que se dice, en realidad se sueña, con los ojos abiertos, con una América sin crimen. La muerte será asunto de los longevos. Las artes volverán a florecer y serán el sustento de los solitarios que buscarán crear en solitud dibujos, pinturas, música, teatro, bailes y letras. No habrán guerrillas, pero si actores e historiadores que hablarán de ellas. Habrán elecciones para que cada país latinoamericano elija a su representante ante la Confederación de las Américas. No habrá preocupación por dictaduras o invasiones, ya que siempre estarán los países velándose unos a otros, dispuesto a intervenir en medio de cualquier conflicto armado.
Se dice, en realidad se sueña, con una América libre. Las fronteras que existirán serán las de las costas. El guatemalteco podrá ir a Brasil a compartir pan y chocolate en Río de Janeiro con su nuevo amigo brasilero. No habrán visas ni proceso burocráticas que detengan el paso de los nuevos seres humanos libres. La creciente economía americana será motivo de portadas en los periódicos del resto del Mundo.
Se dice, en realidad se sueña, con los ojos abiertos, que los demás países emularán al americano, es decir nosotros los nacidos en la América unificada. Y habrán confederaciones similares pretendiendo hacer de los países una única confederación planetaria. Los otros serán los marcianos. La Tierra volverá a descansar y sus recursos serán preservados. Se replanificarán y reconstruirán las ciudades con el lema: Verde para siempre.
Se dice, en realidad se sueña, con una América en la que las mujeres tomarán decisiones tan trascendentales como las de los hombres. Los adolescentes no beberán alcohol ni fumarán tabaco ni drogas en exceso. En su lugar, buscarán tener una dieta saludable y fomentarán el conocimiento personal y comunitario. Los homosexuales dejarán de etiquetarse, al igual que las lesbianas, los bisexuales, los transexuales, los transgéneros, los indigentes, los prostitutos, los políticos, los corruptos… Y en cada kilómetro cuadrado de esta América, será normal y aceptable el amor entre dos cuerpos similares o distintos. Los niños tendrán poder y sus proyectos serán puestos en práctica por los ancianos. Hablarán del Renacimiento perpetuo y nadie vociferará el advenimiento de un Barroco apesadumbrado contemporáneo ni de un Medio Evo castrante en retorno. Las oraciones serán positivas y los NO quedarán prohibidos en la memoria colectiva.
Se dice, en realidad se sueña, con los ojos abiertos, con la implementación de medios de transportación ecológicos que usarán hidrógeno y no emitirán gases nocivos al medio ambiente. Las temperaturas volverán a regularse. Los mares se recuperarán al igual que la fauna y flora marítima y terrestre. Los seres humanos libres convivirán en armonía con su medio ambiente. Se promoverán valores tales como: la responsabilidad social; y nadie impondrá nada a nadie. Habrán valores generales que harán de las sociedades americanas, sociedades justas y humanas.
Se dice, en realidad se sueña, con los ojos abiertos, con el descubrimiento de habilidades humanas desconocidas hasta la fecha. Haremos viajes astrales y sanaremos con solo tocarnos. Las discusiones serán resueltas con amor y paz. Los americanos se pellizcarán la piel para darse cuenta que no están soñando, que tienen los ojos abiertos, listos para ver una realidad digna de presenciar y la promoverán por generaciones.

Los sí de Henry

Siente pesar al tener que pronunciar un NO con frecuencia, pero se esfuerza por hacer de sus oraciones un cántico positivo. Ha perdido el apetito y a pesar de estar bajo tratamiento médico, con frecuencia se queda sin fuerzas. Ya no comé la carne asada y las frituras. Su dieta está controlada. Se servía platos de arroz, habichuela y pollo. Con ello se ganó el epíteto de buen diente. Siempre tuvo una gran fuerza la cual canalizaba en la tienda por departamentos que lo empleó por años o en Milagro’s BBQ, ubicado en la esquina de su barrio. Nadie habría pensado que aquel roble de 7 pies de altura, dejaría caer algunas de sus hojas y parte de sus ramas en plena primavera. Su barriga creció de pronto. Las visitas rutinarias a su médico generalistas indicaban que todo estaba bien. Pero ya pocos alimentos le apetecían. Así que sus parientes, se preocuparon. Tuvieron el primer encuentro con las placas y el reloj confundió su tiempo.
En tiempo presente, bajo sus pantalones, se halla una bolsa en donde a diario desecha el dolor del cuerpo. Perdió un pedazo de intestino delgado y ganó una extensión de amantes: médicos, amigos y familiares. Cirugías: muchas; Tratamientos: quimioterapia y radioterapia. Consecuencias: pérdida de peso y de cabello. Primero fue una masa de grasa y luego queriendo tener mayor protagonismo se convirtió en un tumor en la sala de operaciones y ante los ojos atónitos de los cirujano, quienes le realizaron una biopsia de inmediato, le saturaron. Como a una caja que revela un tesoro intocable. Henry abrió su cuerpo y los médicos se lo sellaron al ver su contenido. El candado, los puntos y el parche. El inquilino, llamado tumor, resultó ser maligno y canceroso. Para evitar su propagación, el paciente tenía que someterse a un tratamiento médico agresivo y posteriormente a una cirugía. Lloraba en la camilla por dos razones, la una por el dolor de aquel primer tajo y la otra por tener la muerte observándolo en la noche. En el cuarto del Hospital Oncológico de aquella ciudad sanjuanera, Henry contemplaba la oscuridad del espacio y a los helicópteros que pasaban como palomas cerca de su ventana. Ese día fue el primero de lo muchos matizados con eternas agonías al desear ir al baño. De expulsar coraje aprendió a expulsar vómitos y diarreas. Hacia falta un superman, capaz de tomar el bisturí con valor y removerle al ras su tumor. Las placas no eran alentadoras y sus SI, demostraban el positivismo ante los recurrentes NO. El tumor estaba localizado detrás de su estómago, pegado al intestino delgado. Por su proximidad a otras vísceras era necesario ser muy cauteloso en la siguiente cirugía. El procedimiento duró 15 horas. Henry fue asistido por dos cirujanos, cinco enfermeros y otros tantos asistentes. En medio de la intervención, algo trastocó el orden previsto. Para contarlo debo incluirme en la historia.
Mi mamá me llamó para decirme en un tono sobrio y entrecortado, probablemente con sus brazos temblorosos y sus ojos sollozados, que tío Henry había muerto durante la operación. La noticia parecía ser el suceso de la muerte de abuelo, también llegada vía telefónica hacía varios años. Otro teléfono que suena para restregarnos nuestra impotencia ante la muerte. Acto seguido, mi rostro volvió a tomar el semblante del esperanzado. Tío Henry volvió a vivir. La mano del cirujano se hizo divina al tocar con sus dedos el corazón inerte de mi tío. La sangre volvió a correr por su cuerpo y su corazón recuperó el latir tras 60 años interrumpidos. Nació de la luz que recuerda. Su calendario, comenzó sin meses, con el día uno de su 2009. Un predicador o un ferviente creyente en Dios habría gritado milagro. Nosotros también lo hicimos. El tumor fue extirpado en su totalidad. O al menos eso fue lo que nos hizo creer mi tío. Nuestras lágrimas pudieron retornar al lagrimal y la taquicardia familiar desapareció ante las buenas nuevas. Pero el cuerpo es tan complejo que hoy nos dice virus, mañana salud perfecta y dentro de unos meses regresa el cáncer a decirnos hola desde la placa o el síntoma. Tío Henry no nos quiso preocupar así que confabulado con los médicos, le hicieron creer a los segundos, sus hermanos, y a los terceros, sus sobrinos, que gozaba de salud entera. La verdad, el tumor yacía a medio existir entre sus vísceras. Tuvo una pasión que sabemos culminará en muerte, pero no estos años, sino cuando la vejez la invoque desde su sabiduría corporal. Pero Tío Henry aprendió a no temerle. El dolor en su cuerpo a cesado. Tiene un espíritu que hace que sus piernas lo lleven a diario hasta el colmado. Su cabello ha vuelto a crecer. La piel pálida recupero su color rojizo moreno. Sentado en el sillón del balcón en casa de abuela, se mese como de costumbre esperando vencer con entereza cualquier insurgente que provenga desde o fuera de su cuerpo.

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